viernes, 3 de junio de 2016

Meditación Mindfulness: Un día Completo

El sábado 11 de Junio del 2016, de 10 a 18 horas disfrutarás de un taller completo de Mindfulness con la Dra. Neurofisióloga Georgina Botebol (Hospital Virgen del Rocío, Sevilla).
Al fin conocerás qué es Mindfulness y sus efectos neurofisiológicos, aprenderás a meditar, a regular el estrés y la ansiedad y controlar el dolor físico y emocional.
Lugar: C/ Joaquín Guichot 5, 3dch. 41001 Sevilla.
Precio: 75€ por persona. Almuerzo incluido.
Inscripción e información en pilates@isabelrizo.es y 622407937



miércoles, 16 de marzo de 2016

Convivir con las emociones difíciles y el dolor físico

Los sábados 30 de Abril y 21 de Mayo de 2016 tendrá lugar un nuevo taller de Mindfulness cuyo objetivo es ofrecerte herramientas para convivir con las emociones difíciles y el dolor físico.
Las emociones difíciles: angustia, tristeza, ansiedad, enfado, ira, decepción... y el dolor físico, sea cual sea su causa, tienen una repercusión tan importante en tu bienestar que vamos a tomarnos dos sesiones para aprender a convivir con ellos. 
No se trata que desaparezcan de tu vida, eso es imposible, el objetivo es guardar el equilibrio en las situaciones complejas. Con Mindfulness aprenderás a observar estas situaciones, el dolor y la emoción difícil, con una gran dosis de paciencia y ternura.
INSCRIPCIÓN E INFORMACIÓN
Escríbenos a pilates@isabelrizo.es o llámanos a 622407937. Si lo prefieres, ven a visitarnos a nuestro estudio junto a Plaza Nueva (previa cita). 25€ por persona/sesión. Plazo de inscripción abierto hasta el jueves 28 de Abril de 2016 de 11:30 h a 13:00 h. 

lunes, 14 de marzo de 2016

RUMIANDO. LA MENTE QUE DA MIL VUELTAS



La rumiación es el hábito de reflexionar acerca de los acontecimientos de nuestra vida. Nuestra mente, a veces, o quizás muy a menudo, trabaja como si fuera un disco rayado, da vueltas y vueltas  sin parar sobre algo que pasó o que tememos que vaya a pasar; al final,  después de minutos u horas de dar vueltas al mismo tema, sin haber avanzado ni un sólo paso, terminamos agotados, infelices  e invadidos por la tristeza.  Estos sentimientos negativos dificultan  nuestra capacidad de vivir el presente y nublan nuestra mente, disminuyendo nuestras habilidades para afrontar lo que está ocurriendo.

Es adecuado realizar una cierta reflexión para aprender de lo sucedido, pero dar innumerables vueltas sobre lo que pasó o sobre lo que puede pasar, solo hace que estimulemos los pensamientos negativos, avivando la angustia una y mil veces. La rumiación se asocia a consecuencias negativas como la depresión, la ansiedad,  el atracón de comida, etc.

¿Cómo podemos dejar de dar vueltas?

Identificar cuándo, dónde y cómo empiezas a rumiar.  El hacerse consciente de las señales que disparan la rumiación favorece el poder reducir esos pensamientos repetitivos. Quizás tengamos un momento determinado del día en el que nos abandonamos a la rumiación, o  puede que la practiquemos en un lugar determinado o cuando tenemos alguna sensación física molesta. El analizar estas circunstancias favorece el control, porque una vez conocidos estos aspectos podemos cambiarlos. Si somos conscientes de que empezamos a rumiar cuando nos sentamos en el sofá tras la jornada laboral, podemos hacer algo distinto: salir a dar un paseo, poner música, quedar con unos amigos, etc. Nuestro objetivo es interrumpir el hábito y  para ello debemos encontrar actividades alternativas y repetirlas una y otra vez hasta que el hábito vaya desapareciendo. Tengamos paciencia, abandonar un hábito requiere tiempo  y constancia.

Practicar mindfulness. Cuando practicamos mindfulness aprendemos a ver y aceptar  nuestros pensamientos y nuestras emociones, sin necesidad de juzgarlos ni apegarnos a ellos; aprendemos que los pensamientos son sólo pensamientos pero no son la realidad; que todo es impermanente y que el único momento que tenemos disponible para vivir la vida es el momento presente. Cada vez que seas consciente de que tu mente está vagando, girando en torno a aquello que pasó, en torno al error que cometiste, invítala a que vuelva al aquí y ahora, hazte consciente de lo qué estás viendo en ese preciso momento, ¿qué hueles?,  ¿qué oyes?, ¿estás tocando algo?, ¿qué sensación te produce el tacto?, hazte consciente de los sabores que notas en tu paladar, mantén tu mente enfocada en el momento presente.

Dejar ir lo que no puedes controlar. Si puedes cambiar algo de esa situación a la que tanto tiempo le dedicas en tu mente, empieza a dar los pasos para cambiarla. Pueden ser pequeños pasos, no necesitas realizar todo de un golpe; pero si, por el contrario, no hay nada que puedas hacer para modificar la situación, acepta que las cosas son como son y deja que salga de tu mente.  Enfócate en el presente.

Establecer un horario para rumiar. Puedes darte permiso para rumiar un ratito, unos 15- 20 minutos, a una hora determinada cada día. Cuando te des cuenta de que tu cabeza quiere dar vueltas, la invitas a que espere al horario previamente establecido por ti. Hasta entonces enfoca tu mente en el presente.

No culparse. El rumiar es un hábito, para pararlo no es suficiente con decir ya no quiero rumiar más. Por muy decidido que estés a acabar con la rumiación, esta volverá en más ocasiones de las deseadas. No te culpes por ello, sé amable contigo, necesitas tiempo. Sé paciente y no abandones.

Realizar actividades placenteras. Introduce en tu día a día un tiempo para realizar alguna actividad que genere bienestar, que genere emociones y pensamientos agradables. El ejercicio físico es una de esas actividades; si tienes algún hobby practícalo; también puede ser  una conversación con amigos, o salir a dar un paseo por un parque cercano.  La rumiación facilita las emociones desagradables,  la apatía, el cansancio y la persona tiende a aislarse en su ensimismamiento. No dejes que esto ocurra, introduce momentos agradables en tu rutina diaria.

lunes, 8 de febrero de 2016

MANEJANDO LA INCERTIDUMBRE





La incertidumbre es una margarita 
cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar
             
                                 Mario Vargas Llosa



Sentir miedo o ansiedad cuando afrontamos lo desconocido es algo que ocurre a todos los seres humanos en un momento u otro de la vida, también los animales lo sienten. Todos participamos de esas sensaciones de inquietud ante aquello que signifique cambio, duda, incertidumbre; ante aquello que suponemos amenaza nuestra seguridad y bienestar. Esta respuesta es la que nos ha servido como especie para sobrevivir y llegar hasta aquí.  

Hay personas que no toleran la incertidumbre y sus mentes están preocupadas todo el tiempo, imaginando, incluso inventando, los peores escenarios posibles, lo que les conduce a un estado de ansiedad y malestar constante.

La incertidumbre existe, forma parte de la vida y es conveniente que aprendamos a aceptarla. Si reflexionamos un poco, nos damos cuenta de que hay muy pocas cosas sobre las que podamos tener total seguridad, la mayor parte de la vida transcurre adaptándonos a lo que acontece que, en innumerables ocasiones, no tiene nada que ver  con lo que habíamos pensado que iba a suceder.


Para ir aumentando la tolerancia a la incertidumbre puedes practicar del siguiente modo:

Observa y reconoce la incertidumbre cuando aparezca en tu mente.

Para. No hagas nada. Proponte no reaccionar, ten la intención de no actuar como siempre. Únicamente has de pararte y respirar. Durante unos minutos lleva tu atención a la respiración.

Date cuenta de que es tu mente la que está hablando, no es la realidad. La mente habla sin parar, tenemos miles de pensamientos al día, esos pensamientos nos hablan según nuestros propios patrones, nuestros sesgos; en definitiva, según cómo nosotros entendemos el mundo, que no tiene nada que ver con la realidad. Intenta dar un pasito atrás y observar lo que ocurre en tu mente como si fueras un espectador viendo lo que ocurre en la pantalla del cine.

Deja partir los pensamientos o los sentimientos que te dicen que necesitas seguridad; al cabo de un tiempo se habrán ido. Puedes imaginar que tus pensamientos son como nubes en el cielo que se van alejando poco a poco.

Abre tus sentidos  al momento presente. Observa tu respiración, observa las sensaciones de la respiración en el cuerpo. Toma conciencia del apoyo de tus  pies en el suelo, nota cómo el planeta te sostiene. Abre bien los ojos y observa lo que ves,  lo que oyes, lo que hueles. Toma contacto con el momento presente con todos tus sentidos. Y poco a poco empieza a moverte, con suavidad hasta que lentamente te enfocas en lo que decidas hacer.



sábado, 30 de enero de 2016

DISFRUTA! NO PERSIGAS LA FELICIDAD


Estudios recientes muestran que aquellas personas que se esfuerzan por sentirse felices en todo momento, pueden sentirse decepcionadas, y aquellas que se esfuerzan aún más, como si la felicidad fuera lo único que les importara, la alejan de su vida. Esto no quiere decir que se abandone la idea de ser feliz, sino que hay que saber cómo actuar para aumentar la sensación de bienestar.

Pequeñas ideas para aumentar tu felicidad: 

No la persigas. Si tienes un mal día, si te encuentras molesto, frustrado, triste, enfadado...acepta lo que te está pasando en ese momento. Estas emociones forman parte de la vida. No pasa nada, no es el momento más feliz de tu vida, ni siquiera te sientes a gusto, pero es algo que sucede en la vida de cualquier persona. Cuanto más rápido lo aceptes, más rápido podrás tranquilizarte y antes volverás a sentir algo de bienestar.

Haz que tu día contenga situaciones/actividades que te generan alegría. Por muy ocupado que te encuentres,  dedica un tiempo del día para realizar algo que te haga sentir bien, alegre. Cada persona tiene unos gustos, algunas tienen hobbies;  hazte consciente de los tuyos y saca tiempo regularmente para disfrutar de ellos. Generalmente hay dos actividades que generan alegría, una es charlar con un ser querido y otra practicar actividad física.

Evita los tóxicos. Debes cuidar no sólo lo que comes y bebes, sino también estar atento a otros tóxicos que resultan menos conocidos. Cuida las conversaciones que mantienes, procura que sean agradables y nutritivas; escoge las lecturas y las películas; haz una selección cuidadosa de los programas que ves en la televisión u oyes en la radio. Intenta poner atención en las sensaciones físicas y anímicas que genera en ti el programa de TV que escoges y, si son sensaciones desagradables, cámbialo.

Practica la gratitud. Intenta hacerte consciente de todas las maravillas de las que disfrutas en tu vida y da las gracias por ello. Puedes dar las gracias por poder ver, hablar, oír, caminar, puedes dar las gracias por tener un techo donde vivir, por abrir un grifo y tener agua potable, también puedes agradecer que haya personas que te quieren, personas que te proveen de alimentos y mil cosas más; la lista es interminable. Haz de la gratitud un hábito.

Disfruta de las pequeñas cosas. No hace falta esperar que ocurra un acontecimiento extraordinario; el perfume de una flor, la sonrisa de un niño,  un paseo con una amiga, el abrazo de tu pareja, llenan de momentos agradables tu día a día. Procura enfocar tu atención en reconocer la existencia de estas pequeñas cosas que proporcionan bienestar y alegría.


Elige ser feliz. Toma una decisión: elige ser feliz. Eso significa que en vez de recrearte en el malestar  y magnificarlo, estás decidido a aceptar lo que te pase, sea lo que sea, y emplear tu energía en vivir con alegría, en activar todas las habilidades que poseas para tratarte bien, sonreír, ser amable y considerado con los demás y enfocar tu mente hacia las cosas agradables.  


Puedes conseguirlo, sólo hace falta practicar!!!!

sábado, 16 de enero de 2016

A LA CONQUISTA DEL MIEDO. PRÁCTICAS.

El miedo es una de las emociones más básicas. Como especie, el miedo nos sirvió para sobrevivir y llegar hasta aquí. El miedo nos protege del peligro, nos alerta y prepara para que podamos defendernos. Pero, aunque ya no tenemos que enfrentarnos a felinos hambrientos  ni a otros depredadores, hay personas que sienten el miedo cotidianamente y/o intensamente.
A veces, ocurre porque la persona conserva grabada en el sótano de la mente una experiencia negativa-desagradable que tuvo en la infancia y, en la actualidad, resurge el temor cuando está ante una situación que su mente determina que es similar a la de su infancia (de pequeño los compañeros de colegio se reían de él /ella); en otros casos no sabemos cómo se originó (fobias a las serpientes); puede que el miedo  lo viva en el trabajo ( miedo a no realizar la tarea de forma óptima, miedo a ser despedido), etc. La mente puede imaginar mil situaciones  peligrosas posibles  y despertar así la emoción del miedo. 







Cuando aparezca el miedo puedes afrontarlo de este modo:

No escapes. El miedo va acompañado de sensaciones físicas, el corazón late más deprisa, puedes empezar a sudar, a ponerte tenso y la primera reacción es no querer sentir lo que se está sintiendo. La mente dice "hay que escapar de aquí". Pues bien, no huyas, no intentes evitar tu emoción; quédate con ella. Miedo es una emoción como otra cualquiera,  recuerda, ¡ya no hay leones sueltos!.

Reconoce lo que estás sintiendo. Puedes decirte "en este momento siento miedo", "ahora estoy atemorizado". Cuando reconoces lo que estás sintiendo estás estableciendo una pequeña línea de separación entre el miedo y tú. Estás estableciendo un espacio de libertad, ya no necesitas reaccionar como otras veces, ahora puedes pararte, respirar y hacerte amigo de tu miedo.

Acepta lo que estás sintiendo. Observa como un investigador curioso las sensaciones que tienes. No luches contra ellas. Acepta que sudas, que tu corazón late muy deprisa, etc. No intentes sentir otra cosa distinta a la que estás sintiendo. 

Respira. Quédate dónde estés, o busca un lugar dónde sentarte en los alrededores, y comienza a hacer respiraciones, inhalando y exhalando por la nariz.  Sé que es un momento difícil, pero no tienes que huir, puedes permanecer ahí, respirando. Centra tu atención en la respiración o, si prefieres, centra tu atención en tus pies, apóyalos bien en el suelo (estés sentado o de pie) y enfócate en sentir las plantas de los pies totalmente apoyadas en el suelo, dirige tu atención a los dedos de los pies, a observar el contacto de unos dedos con otros, a observar si percibes alguna sensación en los dedos: roce, humedad, calor, tirantez o cualquier otra o, simplemente, no tienes ninguna sensación; continúa observando el empeine del pie, el talón, respira y observa tus pies hasta que te sientas más aplacado.

Sé amable y benevolente contigo. Sigue respirando  observa que es tu mente la que está inventando escenarios difíciles y peligrosos. Tienes una emoción difícil, te sientes mal, no te juzgues ni te critiques por ello, y dirige de nuevo tu atención a la respiración.


Sabes que pasará, no te olvides. Todo es impermanente en la vida, todo pasa; los buenos y los malos momentos. No te olvides de ello cuando estés sintiendo miedo. El miedo también pasa, se queda contigo y después se va. Permite que venga y vaya sin sumergirte en él. Obsérvalo como un nubarrón que pasa.